23 de octubre de 2017

Qué aprendimos en el Blanc Festival 2017

Hasta la edad media para hablar del diseño del futuro

Nuestras cabezas amanecen más inspiradas un lunes después del Blanc. Este evento efeméride para Comuniza sacia siempre nuestras ganas de conocer, conversar y compartir. Es pasión, carcajada y buenas ideas concentradas en el bonito casino L’Aliança del Poblenou, y relatadas con entusiasmo por personas a las que resulta un placer escuchar, dentro y fuera del ciclo de conferencias.

Por eso, no pudimos faltar a esta cita ineludible de diversión y aprendizaje asegurado. Y aprendimos.

De jóvenes y no tan jóvenes

En esta edición se han dado la mano principios y trayectoria. Disfrutamos del entusiasmo, talento y conocimiento de cada ponente, cada uno con su fuerte y a cual más arrollador.

Empezando por la lucidez de Enric Huguet, uno de los padres del diseño tal y como lo entendemos hoy en nuestro país. Guayabero y Pujagut, que deben saber que somos de vermut, nos resumieron su manifiesto entre cañas. También nos gustó contemplar estudios por construir, una oficina improvisada en la parte de atrás de un Blablacar, música hecha con una caja de cigarrillos y toneladas de humor y empeño. Al final, ingredientes de cualquier buena historia.

De clientes e inquietudes personales

El Blanc también fue escenario de proyectos para marcas y otros hechos por amor al arte.

Nos viene a la cabeza el despliegue más allá de lo imaginable firmado por Vasava para el Atlético de Madrid: una identidad con código flexible que empieza por el escudo y acaba en el campo.

También vimos muchos otros sin briefing ni cliente. La misma Paula Scher enfatizó la importancia de trabajar sin presupuesto para fomentar la innovación creativa y conseguir que, ejecuciones fuera de lo habitual, trasciendan. Puede ser una demostración de vocación, identidad y talento. Incluso un juego, como explicó Studio Feixen.

De nosotros mismos y de los demás

Otros ponentes se sinceraron, y nos emocionamos junto a ellos, para hablar de expectativas, estilo de vida y fracaso.

Una gran mayoría del auditorio compartió con Júlia Solans el sufrimiento ante la página en blanco. Además, se reflexionó en voz alta sobre la importancia de ser feliz, de disfrutar del diseño más allá del estudio, de divertirse y, de vez en cuando, levantar la vista para observar el camino con perspectiva.

Blanc Festival IX

También aprendimos que entre “juntaletras” y “pintamonas” deben producirse sinergias y no justas medievales. Que si el diseño es sexo, el arte es masturbación. Que se denomina “pléyade” al conjunto de personas reconocidas, especialmente en las letras, que viven en una misma época. Y qué decir de todo lo que pasa alrededor del auditorio.

Recibir tantos estímulos es agotador. Y nos encanta. Esperamos acabar igual o más exhaustos el año que viene. ¡Gracias, Blanc, por esta novena edición!