Crowdsourcing, donde el usuario es el rey

crowdsourcing

He visto en el blog eComunicación y en El Periódico de Last Info un interesante post sobre el crowdsourcing, una tendencia que describe el comportamiento de una «multitud anónima, voluntaria y espontánea» que realiza funciones que habitualmente son desarrolladas por personal técnico de la empresa.

Se trata de un tema de moda: si hace diez años la tendencia clave para reducir tamaño y ganar eficiencia era el outsourcing, ahora las utilidades de la Web 2.0 y las Redes Sociales abren nuevas perspectivas. Como explica Manuel Ramos en El Periódico de Last Info: 

«En definitiva, es solicitar a un colectivo amplio e indefinido de personas ajenas a la organización que nos resuelvan nuestros problemas, nos despejen dudas o nos permitan avanzar cuando no tenemos claro cuál es la mejor vía para hacerlo. La casuística registrada hasta la fecha nos indica que este trabajo desarrollado por el ‘público’ puede retribuirse o no y, en caso de ser remunerado, esta acción puede hacerse mediante dinero, regalos, distinciones, etc».

Herramientas como Digg, Meneame, Youtube o Wikipedia fortalecen una nueva manera de trabajo colectivo, una oportunidad que se apoya además en el software de código abierto de algunas de estas aplicaciones. Es sacar provecho del comportamiento de los embajadores de marca, personas que destinan su tiempo, recursos y contactos hacia un determinado fin del que no siempre extraen un beneficio por su implicación con los valores que emite.

Justo esta semana se ha lanzado publicamente la herramienta colectiva WikiLengua, una plataforma colaborativa, gratuita y de consulta práctica sobre el uso del castellano (que se extende y corrige con la colaboración de la propia comunidad). Y es que estas redes sociales abiertas y transversales permiten avanzar hacia el crowdsourcing, un concepto del que hablaron hace unos meses en Brandjazz bajo los términos de «la sabiduría de los futboleros», donde hacen referencia al libro The Wisdom of Crowds de James Surowiecki.

«Y es que este caso sigue todas las condiciones del modelo de Surowiecki, que propone que las decisiones tomadas por un grupo multitudinario se acercan más a la solución correcta de un problema que la decisión individual de cualquiera de sus miembros. O sea, que las multitudes son más listas que incluso los más listos de entre los listos. Surowiecki señala que bastan 4 condiciones para que el modelo consiga tener éxito: diversidad de opiniones, independencia (que cada opinión no esté mediatizada por las de los demás), descentralización (suma de conocimientos especializados y diversos) y agregación (un mecanismo que actue como unificador de las opiniones individuales convirtiéndolo en una decisión colectiva). Condiciones que se dan en esta iniciativa tan sorprendente».

Me ha parecido muy interesante la expresión «multitudes son más listas que incluso los más listos de entre los listos». Uno de los casos paradigmáticos es el de la web de la comunidad de innovadores InnoCentive. Colgate-Palmolive planteó la necesidad real de traspasar fluoruro a un tubo de pasta dental sin que se disolviera en la atmósfera; aseguran que un internauta anónimo resolvió el problema productivo y la empresa pagó por ello 25.000 dólares (muy por debajo de la cifra que Colgate hubiera destinado a I+D interno).

Es la Web 2.0, donde el usuario es el rey…

Más información en un interesante artículo de Enrique Dans (pdf), que en su blog analizó la estrategia de crowdsourcing de Dell, y en un artículo publicado en Wired.