30 años de los muñecos de Lego, la comunidad de marca se mueve

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Cuentan en Pixel y Dixel que los pequeños personajes amarillos de Lego tal y como los conocemos (con los brazos y piernas articulados) han cumplido este agosto 30 años. Son un objeto que me ha acompañado gran parte de mi infancia y me despierta cierta nostalgia (quizás por eso he hablado de esta marca varias veces).

La verdad es que los chicos de Lego saben crear este tipo de sentimiento de pertenencia: un ejemplo es el blog que han creado GoMinimanGo.com, o los concursos de vídeo y fotos. El patrimonio de Lego no son los 4.000 millones de figuras amarillas que han fabricado en estas tres décadas (se venden 4 unidades cada segundo), sino la comunidad de seguidores que se mantienen fieles a este producto.

Recuerdo que de pequeño era muy distinto ser de Lego que de Tente, una diferencia igual de radical que ser de Cola-Cao o Nesquik (en este segundo caso en mi casa había de los dos bandos). La red mundial de prosumidores que Lego ha facilitado (que no creado) ha extraído el ADN de la empresa para reinventarlo con éxito y adaptarlo a los nuevos tiempos.

Estas personas forman parte de la comunidad Lego –con sus embajadores de marca y socios por todo el mundo (también aquí)– y se sienten orgullosos de esta pertenencia. Como hace Lego, las marcas deben proporcionar a sus clientes no sólo beneficios funcionales y emocionales, deben facilitar espacios de identidad compartidos.

Aquí uno de los primeros vídeos de fans de Lego, pero hay muchos más.

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