13 de julio de 2018 | 3 min.

Arquitectura de marca: orden y prioridad

Jerarquía y organización en la arquitectura de marca. Comuniza

En la concepción y creación de una marca es esencial pensar en el ecosistema corporativo presente, pero, sobre todo, en el futuro. La arquitectura de marca, o brand achitecture, es una herramienta básica para mantener una correcta proyección de la imagen corporativa de las entidades hacia los usuarios o clientes.

La arquitectura de marca determina el tipo de organización y criterios de comportamiento que forman parte de un grupo empresarial o institución. Aporta información al usuario ayudándole a comprender mejor la marca corporativa. Además, responde a cuestiones como qué es un producto, qué es una gama o una dimensión, y genera organizaciones más poderosas aportando coherencia al conjunto de acciones y a la gestión de las marcas.

El valor de establecer una arquitectura de marca con visión al futuro

Las organizaciones son entes dinámicos y complejos. A veces surgen nuevos nichos de mercado y oportunidades de negocio que deben ser cubiertas con nuevas marcas. Bajo ese contexto, la arquitectura de marca es una herramienta fundamental para mantener la proyección y la visión de la entidad a lo largo del tiempo.

Para sacar el máximo potencial de una entidad, el primer paso es empezar con un análisis exhaustivo del portfolio de marcas de la organización. Esto consiste en hacer un diagnóstico de la situación actual e identificar necesidades presentes y futuras.

A continuación, auditar la competencia para entender las reglas del sector en el que compite. De este modo, establecer las jerarquías y roles de sus diferentes marcas corporativas. Finalmente definir los criterios, espacios, territorios de marca y oportunidades de los nuevos productos, iniciativas y sub-marcas.

Actualización constante de la marca corporativa

La efectividad de las marcas va mermando con el paso del tiempo. Las reestructuraciones, la definición de nuevos objetivos, o la creación y eliminación de sub-marcas deterioran la imagen corporativa. Por ello, es necesario redefinirse. Fijar nuevos criterios de ordenación y categorización y, en definitiva, dibujar una arquitectura de marca clara y sólida.

La complejidad de la mayoría de instituciones requerirá de la creación de un modelo único que combine varias de las virtudes de distintas tipologías. Así pues, cada organización tendrá unas necesidades específicas a partir de las cuales se diseñará el mejor método de jerarquización.