Cómo crear un buen naming para tu proyecto de marca

El naming es una de las decisiones más importantes para impulsar tu negocio. Piénsalo bien, solo lo vas a elegir una vez. El naming puede situar tu marca en una buena posición, pero también puede condenarla al fracaso.

Como nos gusta decir en Comuniza, el naming son las primeras letras de la historia de una marca.

El objetivo del naming es decir mucho con muy poco. Un naming es un resultado en alrededor de 10 letras que facilitan la identificación de una marca. Pero, también, es un proceso estratégico y creativo que destila los atributos, valores, horizontes y personalidad de marca.

¿Qué debe tener un buen naming?

El mejor naming es el que funciona. Perdona esta obviedad nominológica, pero a veces es necesario recordarlo. El naming que funciona es el que responde a las verdades internas de la marca, conecta con los usuarios con eufonía y tiene el suficiente espacio digital y legal para crecer.

Un buen naming debe ser único. Y duradero. Y coherente con los valores de la marca. Y legible y fácil de pronunciar. Y capaz de evitar las asociaciones negativas. Y fácil de recordar. Y con la capacidad de ser notorio. Y…

En Comuniza hemos desarrollado más de 100 denominaciones corporativas y comerciales para todo tipo de clientes y sabemos de la dificultad de dar con la tecla. Más que una pócima mágica, es un proceso de trabajo en el que construimos letra a letra, significado a significado. Cada proyecto implica bucear en el cliente y en sus usuarios para comenzar de nuevo una y otra vez. No sirven las creatividades previas, aunque la experiencia juega un papel fundamental para saber qué rutas creativas funcionarán y cuáles no.

Técnicas para crear un naming creativo

La nominología tiene tantas técnicas como resultados posibles. En nuestro equipo especializado en naming algunos usamos sistemas de trabajo estructurados, otros usamos un método de generación de denominaciones más flexible. Todos buscamos el resultado óptimo, que de eso se trata. En el camino tal vez usemos algunas de estas técnicas para construir el mejor naming:

– Brainstorming o lluvia de ideas: Proceso de trabajo que lista el máximo número de conceptos asociados a la marca por parte del equipo creativo. Este listado posteriormente se filtra y clasifica para ordenar las posibles rutas creativas que mejor puedan representar los valores de la marca.

– Inmersión creativa: Consiste en alejarse del puesto de trabajo y profundizar en los contextos vitales en los que la nueva marca va a vivir. La inmersión creativa implica ponerse en los zapatos de los usuarios y comprender sus motivaciones y expectativas como un miembro más de esa comunidad.

– Asociación forzada: Nuestra cabeza funciona por categorías mentales y esta técnica busca caminos laterales para describir una marca. Las asociaciones rastrean similitudes con otros contextos y categorías de mercado para potenciar las nuevas ideas.

– Copia creativa: La copia creativa es una técnica que consiste en coger como punto de partida, para la elección de un buen nombre, otras denominaciones de marcas que se asemejen a la marca que queremos crear. Reinventar un nombre a partir de una idea. Es una ruta arriesgada.

¿Qué tipologías de naming existen?

Aunque un nombre es un nombre, la construcción técnica puede clasificarse de varias formas. Sin ánimo de hacer un listado universal sobre tipologías de denominación comercial o corporativa, los recursos estilísticos más frecuentes para generar un nombre de marca son los siguientes:

Representativos: Representan la propuesta de valor de una marca, muy centrados en la oferta de producto o servicio. Son nombres que reducen a cero las posibilidades que el usuario no entienda la categoría de mercado de la marca. Por ejemplo, Burger King, Toys’R’us o Easy Jet.
Acrónimos: Abreviaturas del nombre descriptivo. Uno de los clásicos más habituales en la primera mitad del siglo pasado. Por ejemplo, ASICS, Iese, BMW o RENFE. Seguro que lo están pensando, lo que antes era un acrónimo ahora se ha convertido en una marca que muchas veces oculta ese pasado desplegado.
Neologismos: Creación de una nueva palabra que no existe en el diccionario. Esta construcción puede construirse a partir de la suma de otras dos palabras o por los prefijos o sufijos de fantasía. Por ejemplo, Wegal, a partir de la contracción de “We are legal”.
Comprometidos: Denominaciones que transmiten un estilo, un modo de comportarse, una creencia que genera personalidad. Por ejemplo, Dove o Euphoria.
Expresivos: Expresan un sentimiento como la felicidad o el amor. Por ejemplo, Kinder Sorpresa o el perfume Amor Amor de Cacharel.

Pero, recuerda, la creación de un nombre no empieza ni acaba con tener 10 letras con las que estés satisfecho. Es importante tener en cuenta que tu nombre no esté registrado en su actividad en las oficinas de protección de marca en las que actúe geográficamente y que disponga del suficiente espacio digital disponible para operar, tanto en el dominio web como en las redes sociales.