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El día de la madre: cuando el regalo es la experiencia

Regalos experiencia para el día de la madre.

Un vale, una colonia… (o, en su versión masculina, unos calcetines o una corbata). Son los clásicos del día de la madre o del padre. Son esos regalos que, consumismo mediante, regalamos muchos hijos a nuestros progenitores. Que levante la mano quien alguna vez no se ha atrevido con los calcetines (todos tenemos un pasado).

Los tiempos cambian. Y, resultado de ello, los regalos cambian. Olvida al colonia y ese vale. Este año parece que triunfarán los regalos-experiencia. belleza y salud (sobre todo masajes y wellness), experiencias gastronómicas o talleres de cocina especializada. Una empresa del sector cifra la importancia de esta fecha. El día de la madre supone el 10% del total de ventas anuales del sector (y crece nada menos que un 76%).

Va en la línea de lo que hablaban hace ya diez años Joseph Pine y James H. Gilmore en The Experience Economy, una obra clave para definir nuestra economía basada en las experiencias con valor añadido. La experiencia de ocio en la sociedad postmaterialista explica porque la clave no es tanto consumir o gastar, sino la experiencia. Los productos son cada vez más un servicio (fíjate en la industria musical y Spotify). Ahora se coloca una capa de sensaciones, significados y experiencias.

El director general de Zonaregalo.com indica que este crecimiento se encuadra con “la necesidad de la gente de probar experiencias nuevas que aporten un sentimiento y un recuerdo único”. Pura economía de la experiencia: un momento memorable en un paquete digerible, sencillo y regalable. Por cierto, merece la pena estudiar como estas marcas han sido capaces de crear un mercado. Enseñar a comprar y generar unos rituales sencillos en un mercado con reglas nuevas.

No hay que ser muy avispado para ver que crece la tendencia de productos vinculados con la mejora de la calidad de vida. En estos tiempos de crisis el estoicismo calvinista deja paso a una gestión de pequeños placeres (cotidianos, menores y sencillos). El interés mundial por el chocolate crece en todo el mundo desde que Google lo mide (2005).

El lujo ya no es un objetivo, pero la calidad de vida (en forma de pequeños mimos) cobra peso en la cesta de la compra. El IPC está bajando en España -cosas de la crisis-, pero la tasa anual destinada a ocio y cultura creció un 2,3% el pasado mes de marzo. Y, eso es lo importante, es la única que crece.

Más ocio y más cultura en forma de caja. Es lo que algunos llaman el marketing de las indulgencias menores. Pequeños lujos convertidos en auténtica tendencia de consumo. Si Calvino levantara la cabeza…