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Dos pasos para cambiar el mundo

Comunicación en proyectos de marca consultora branding Barcelona

El mercado actual son muchos proyectos que salen a flote y solo unos pocos los que cambian el mundo. La gran incógnita reside en cuál es ese elemento esencial que dicta el éxito u olvido de una marca corporativa, servicio o producto.

Tras años de observación, estrategia de marca y trabajo continuado hemos detectado que para cambiar el mundo se necesitan dos cosas:

  1. Un plan para cambiar el mundo: la idea memorable.
  2. Un plan de comunicación del plan para cambiar el mundo.

Solo con una gestión idónea de marca pondremos en jaque la realidad más lineal que pide un toque diferencial.

El plan que cambiará el mundo

Observar. Observar mucho y estar atento a tu alrededor es la clave para relacionar conceptos que terminen en buenas ideas.

Todos los diseñadores, consultores, copies, estrategas y, en definitiva, cualquiera dentro del mundo del branding entenderá la obsesión constante por la diferenciación. Vivimos en un mundo lleno de posibilidades que se convierten en retos para las marcas: cómo destacar entre la gran multitud de propuestas en el mercado. La respuesta: pensar de forma distinta, explorar perspectivas insospechadas y hacerlo antes que la competencia.

Tim Berners-Lee, Steve Jobs, o Pierre Marchaux lo hicieron. Pensaron lo impensable y, sobre todo, confiaron cuando nadie más lo hizo. Vieron una oportunidad, la lucharon e hicieron saber lo que habían descubierto.

Cuanto más diferente es una idea, mayor valor y relevancia adopta. Las marcas trabajamos en base a las percepciones de la población, definimos nuestra personalidad y construimos nuestra reputación en función de las necesidades que detectamos en el público.

La idea que cambie el mundo debe generar una gran experiencia de marca, hacerse relevante en las vidas de las personas y completar vacíos.

El plan para comunicar tu idea memorable

“Tenemos la idea y con esto ya vamos a triunfar” es una afirmación habitual pero incompleta. Es importante tener el qué, sí. Pero igual de importante es saber el cómo y el cuándo y, ahí, entra la comunicación en juego.

Un buen plan de comunicación se inicia con el análisis exhaustivo del entorno y de nuestra propia empresa. Sin detectar amenazas y oportunidades no se puede calibrar el riesgo de una iniciativa.

Una vez tenemos claros los puntos clave, es imprescindible definir qué objetivos queremos cumplir con nuestra propuesta de valor. A qué y a quién respondemos con nuestra idea son los ejes básicos en toda oferta-demanda, pues si no respondemos a ningún insight pasaremos desapercibidos.

Del qué y a quién pasamos al cómo. El cómo requiere mantener la coherencia entre el mensaje y la realidad. Significa el contacto directo de tu pensamiento con la reacción de la sociedad. Es una oportunidad para destacar, hacernos notar y lograr la atención del consumidor exigente.

Menos es más y, si la idea está clara y bien definida, los mensajes directos no suelen fallar. Con un toque ingenioso e inesperado, que eso nunca viene mal.

Tenemos al público atento, posiblemente contento y sorprendido. Solo falta tener claros los timings para no cansarle. Así pues, damos la dosis justa y adecuada de información en cada momento para lograr un interés progresivo en el tiempo, que permita el seguimiento y evaluación de la iniciativa.

¿Alguien se anima a cambiar el mundo? Nosotros sí. Nos actualizamos en nuestras comunicaciones para consolidar el crecimiento de nuestras ideas y mejorar el mundo con nuestras acciones diarias.