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Naming: una cerveza para cada barra

Diferencias naming cervezas. Comuniza consultora branding Barcelona

Cae el día y se encienden las luces de los bares. El plan por excelencia: ir de cañas entrada la tarde. ¿Cuántas veces habremos sucumbido a la propuesta cervecera? Sin embargo, aún ser una tradición compartida y extendida, cada zona tiene su particularidad. Son los misterios de un naming de producto muy popular.

Ir a un bar, pedir una caña y que te sirvan una medida distinta de cerveza dependiendo del lugar es un clásico. El nombre comercial marca la diferencia y te recuerda dónde estás. Es la fuerza del naming aplicado a una bebida.

En vaso o en botella, beber con moderación o celebrar la fiesta son algunas de las consideraciones que determinan la nomenclatura de tu cerveza que, como todo naming, se adapta a su público y a las necesidades de cada zona.

Ponme la cerveza en vaso

La cerveza se pone, se echa o se tira, pero nunca se sirve. Si buscas un día tranquilo, y quieres 100 o 140ml de desconexión, un Penalti en Aragón, un Zurito en el País Vasco o un Corto en Galicia, el norte de Castilla y León o en La Rioja es tu opción.

La caña es la petición más generalizada en el tiempo libre de los españoles. No obstante, pese a ser una denominación común y, generalmente equivaler a 200ml, encontramos que la caña de Bilbao significa lo mismo que una doble en Madrid de 333ml.

Jarra, Maceta en Andalucía, Doble o Copa en Zaragoza, y ya hablamos de 500ml de cerveza tirada en vaso de cristal. Medida a la que solo le siguen los 1000ml de burbujas y espuma conocidos como Litro, Xibeca en Cataluña, Katxi en el País Vasco, Cachi en Castilla y León o Asturias, Mini en Madrid y Tanque en Cantabria.

La bebida con bajo contenido de alcohol es, a día de hoy, una de las opciones más populares tras el agua y el té. Es por esta razón que cada localización quiere hacer suya su propuesta cervecera y transmitir su identidad a partir de la forma de pedir en la barra.

De botella para mí

Hay veces que tenemos claro qué marca queremos consumir. Ese es el gran poder de las marcas: conectar y generar un vínculo, en ocasiones, de exclusividad. Así pasa con las cervezas. Distintos gustos y de todos los colores hacen que, muchas veces, nos posicionemos como consumidores habituales de una etiqueta sobre la botella de cristal.

Ponme un Quinto en Cataluña, un Botellín o un Botijo en Madrid y encontramos sobre la mesa nuestra botella de 200ml. El típico “nos vamos de birras” a lo que también se suman los 333ml como el Tubo, el Tercio, la Mediana catalana o la Media asturiana.

Y para los más atrevidos… ¡la tradicional Litrona! Cerveza para muchos e inicio de muchas historias.

Seamos claros y echemos limón

Una vez conocemos la procedencia nominal debemos ver las evoluciones de la tradicional cerveza española. Entramos en el mundo de las claras: la combinación entre cerveza y limón o cerveza y gaseosa.

Toda marca principal, a su progreso, desarrolla variaciones de producto que abren un mayor abanico de posibilidades y públicos. Así pues, para los que todavía no estéis convencidos con el habitual sabor rubio bajo la espuma, llega la versión clareada.

La Clara catalana, el Champú en Valencia, Castellón o Tarragona, la Shandy o Xopet mallorquín y la Pika o Lejía del País Vasco, Cantabria y Navarra responden a la necesidad de suavizar el gusto de la cerveza; ya sea con limón o con gaseosa (o blanca).

Reina de multitud de buenos momentos, la cerveza se considera una bebida terapéutica para combatir nervios, anemia e insomnio; siempre dentro del consumo con moderación. Su relación con el ocio facilita que nos evadamos de nuestras rutinas y pensamientos, aunque esperemos no olvidar cómo pedir en la barra la próxima vez que queramos una cerveza entre manos. ¡Salud!