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Saludar nos hace humanos (o no)

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Saludar es dirigirse a otra persona. Es demostrar interés por ella. En un mundo en que las horas son efímeras y las semanas transcurren vertiginosamente nos empeñamos en olvidar las cosas importantes de la vida. Vivimos a trompicones. Desconectamos del entorno. Obviamos a quien se sienta a nuestro lado en el metro, a quien se sube en el ascensor con un silencio incómodo y ensordecedor a modo de banda sonora. De vez en cuando sacamos pecho, saludamos con la voz entrecortada y soltamos un “parece que hoy va a llover, ¿no?” Esperamos un atisbo de interés por quien nos acompaña en ese minúsculo espacio. Un saludo más artificial que real.

Las galletas que no comemos, se chivan

Según el Informe sobre Inversión Publicitaria en Medios Digitales del iab Spain, el gasto en publicidad programática ha crecido un 25,6% respecto al 2015. Gracias al Big Data, las empresas pueden conocer las preferencias de sus actuales – y potenciales- clientes, almacenar toda esa información y segmentar los anuncios para captarlos.

Google y Facebook se han convertido en los grandes anfitriones de nuestras celebraciones. Nos conocen más que nuestras propias madres, y ya es decir. Nada se escapa de su conocimiento ni siquiera ese ‘buenos días’ y ‘buenas tardes’ que nos da cada jornada. Todo está programado. Incluso la educación, los saludos y nuestros gustos.

Steven Spielberg no se alejó en ‘Minority Report’ de un marketing programático hecho al dedillo para cada uno de nosotros. La publicidad online cordial que nos saluda para ofrecernos todos esos productos. Los nos gustan y nos lo recuerda una y otra vez con el remarketing. ¿Quién se chiva? Las famosas ‘cookies’. Sí, esas, aunque a nosotros preferimos las que llevan chocolate y vienen con un café a su lado.