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Seis lecciones preciosas sobre el Blanc Festival 2016

Blanc Festival: Festival de Diseño Barcelona.

El Festival Blanc es una de esas citas ineludibles en nuestro calendario. Dos días en los que dejamos el teclado, el ratón y la tableta para poner todo orejas a charlas, risas, experiencias y mucha pasión. Ya es tradición sintetizar lo que nos ha sorprendido en un post y este año no podía ser menos.

Destacamos

  1. Cosas de familia. El talento, la creatividad, la innovación… Son conceptos de fondo en todas las ponencias de años anteriores. Si el año pasado la zona de confort se convirtió en mantra, ahora las personas que hay detrás de un diseñador cobraron protagonismo. Los hijos, los padres, los hermanos, los amigos. Algunos de los ponentes batieron récords de precocidad.
  2. Más y mejor. Una vocación irrefrenable por ofrecer más valor, por llegar más lejos, por romper lo evidente. Conectando con la campaña de esta edición: una vocación por romper el blanco. Fue la tónica general de muchos de los ponentes, en algunos casos, hasta lo imposible y más allá. Un sello de la casa tal vez sectorial.
  3. Fantasía. Una delicia viajar a una Cuba capaz de reinventarse desde sus limitaciones, o descubrir nuevas narrativas sonoras o en 3D. Los lenguajes crecen y el Blanc se adapta a estos cambios.
  4. Lecciones. Isidro Ferrer y Félix Beltran dieron dos charlas que merecen un monográfico. Lentas, densas, profundas… Casi poesía. Esas cosas que solo pasan en el Blanc.
  5. Lúdico. El espíritu del Blanc es un cóctel de carcajadas y conocimiento. Mezclado y agitado. Y a todo volumen.
  6. Barcelona. Raúl Ramos y David D’Eboli han sido capaces de mantener el espíritu festivo en una nueva localización complemente deliciosa. El teatro del Casino L’Aliança es precioso, y es entrañable compartir con sus socios esta aventura. Perdimos el efecto burbuja de Vilanova i la Geltrú, pero hemos ganado otras muchas.

Hasta el año que viene.