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Cambios en la estructura económica: sobre las generaciones y la clase creativa

Palabras de
Javier Velilla

La irrupción de la sociedad digital tiene profundas consecuencias sociológicas. Yo mismo, dentro de unos días cuando empiece mis vacaciones, estaré alejado de un entorno digital (ordenador, internet, pda…) por el tiempo más largo de los últimos años: poco más de tres semanas. Educado en la ‘era internet’ -eso que llaman ‘nativos digitales‘- hay quien otorga otras denominaciones y asegura que los jóvenes pertenecen a la Generación Y o a la Generación Einstein… Otros hablan de generación copy-paste, arroba, de la pantalla, de la generación visual, de ‘gamer generation‘… Mi padre siempre se ríe y asegura que con tanto teclado y consola nos van a crecer los pulgares.

El penúltimo en analizar estas cuestiones ha sido Jeroen Boschma, autor de Generación Einstein (Editorial Gestión 2000), que con esa denominación sin duda pone el acento en la parte positiva de la generación. Emergen valores positivos, de confianza en el futuro y en sus posibilidades personales puramente postmaterialistas (aquí ya lo anunció Inglehart) fruto de una época de prosperidad y crecimiento económico. Para Boschma la circunstancia de vivir en un entorno digital tiene consecuencias sobre el modo de pensar: «les ha dotado de una manera de procesar la información más cercana a Einstein (creativo y multidisciplinar) que a Newton (racional, lógico y lineal)». Según el gurú Francis Pisani, «la mayor diferencia es que los nativos son escribas del nuevo mundo capaces de crear los instrumentos que utilizan. Y cuando no los crean, utilizan de manera particular los que está a su alcance».

La idea de empaquetar a determinadas franjas de edad no es nueva: la X o la baby-boom. Aunque desde hace tiempo más que definiciones por edad se focaliza en estudio en el comportamiento social.

Al mismo tiempo, registramos un importante ascenso de la llamada clase creativa, que también es una consecuencia de este fenómeno digital. Se trata de un fenómeno importante porque los expertos aseguran que el ascenso de esta élite cultural y económica marcará el futuro del trabajo: con un 20% de profesionales independientes, un 40% de freelance vinculados establemente a las empresas y un 40% de empleados clásicos. «Es la cualificación clave del siglo XXI», dice Matthias Horx, investigador alemán de macrotendencias. Como decia Richard Florida, autor de The Rise of the Creative Class, la creatividad se ha convertido en el gran factor de éxito económico.

De este modo, gran parte del desarrollo económico de los territorios responde a la capacidad de captar, formar y mantener a esta flamante clase social. Es una cuestión en gran parte generacional: los expertos hablan de las tres T (tecnología, talento y tolerancia) que no son más que el resultado de la propia evolución demográfica. Según cuentan en Cinco Días:

«¿Todos creativos? Para el investigador de futuro Matthias Horx, las dos grandes tendencias de los próximos decenios serán: las formas de trabajo flexible y el ascenso de la clase creativa. Pero el precursor de esta nueva élite, Richard Florida, apunta el riesgo de que se produzca una brecha entre ésta y el resto de la sociedad, y advierte que el gran dilema de la nueva era será la concentración geográfica de las personas con talento, altamente cualificadas y preparadas.

Por su parte, Thomas Beyerle opina que lo de convertirse en ciudad creativa no se puede planear porque es un proceso ‘bastante casual y sujeto a modas de entre 5 y 10 años, y a este tipo de gente no se les puede importar.’ No obstante, Beyerle está a favor de inversiones en proyectos urbanos claves y menciona el impacto del Guggenheim para Bilbao y de los Juegos Olímpicos del 92 para Barcelona.

Uno de los grandes reproches a las tesis de Florida es que las supuestas ciudades creativas son metrópolis efímeras, atractivas para turistas y nómadas ricos, pero no para las clases medias, los ciudadanos comunes y las familias con niños pequeños. Según Florida, en EE. UU, el 30% de la población activa pertenece a este grupo social, un porcentaje superior al de la clase trabajadora. En Alemania, sería del 18%. Pero, según Matthias Horx, es el único grupo de población con excelentes perspectivas. ‘La clase creativa puede ganar muchísimo dinero. Pero, y eso es lo nuevo, puede alcanzar una elevada calidad de vida con poco dinero. En este sentido, rompe con el concepto tradicional de bienestar vinculado riqueza’.

En cualquier caso, los expertos coinciden en que este nuevo modelo social es el prototipo que está marcando la pauta de las nuevas formas de trabajo. ‘Mientras en la vieja era industrial se nos pagaba por hacer lo que se nos decía, en la economía global del conocimiento se premia la responsabilidad, el aprendizaje y el espíritu crítico’, añade Horx. Lo que importa es la capacidad de crear e innovar. La clave futura es estar orgulloso del trabajo que se realiza, disfrutar aprendiendo y tener curiosidad por lo complejo. Para Horx, es como una utopía que se hace realidad. ‘Aunque, como todas las utopías, requiera un duro trabajo.’

¿Todos empresarios? ¿Todos artistas? No todo el mundo es bohemio, artista o literato. No todo el mundo tiene mentalidad empresaria. La nueva era introduce más incertidumbres respecto al futuro. ¿Se constata, ya? ‘Claramente’, responde Beyerle. ‘Debido a esa movilidad, observamos por ejemplo cómo se retrasa la edad media de adquisición de las primeras viviendas cada año’.»

Para el futuro este tipo de fenómenos tendrán consecuencias todavía por estudiar. Por ejemplo, en 2030 está previsto que la mitad de la población de todo el mundo pertenezca a la clase media. Hay que recordar que en España esta ‘entrada’ se produjo con el piso, el seiscientos y el televisor en blanco y negro por aquellos lejanos años sesenta. Ahora, según un informe de Goldman Sachs, alrededor de 2.000 millones de personas se incorporarán hasta el año 2030 a lo que se puede calificar como clase media global: casi el 50% de la población de todo el mundo.

Como asegura Moisés Naim, «nuestra adaptación a un mundo con una clase media más numerosa que nunca está recién comenzando».

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