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Formar, captar y retener talento en las ciudades: la clase creativa y la innovación

Palabras de
Javier Velilla

Hace unos meses asistí en Barcelona a la II Jornada de Clusters Urbanos a través de Infonomía. Allí se analizaron algunas de las tendencias e innovaciones más importantes que deben hacer frente las ciudades. Una de las frases (y de las preocupaciones) más repetidas durante el evento fue «captar talento» y «economía creativa«.

Por ejemplo, Alfonso Vegara, Director de la Fundación Metropoli y experto en la mejora del hábitat urbano, indicó que «en los últimos 10 años se ha producido un cambio fundamental en las estrategias de las grandes ciudades: hoy la clave es la formación, retención y captación de talento». Se trata de un fenómeno planetario, pues en las ciudades vive el 50% de la población mundial, un porcentaje que aumentará hasta el 70% en 2028. Según dijo Vegara, «son la cuna de los procesos creativos y, al mismo tiempo, son una respuesta a los retos de la sostenibilidad cuando el desafío más importante que tenemos ante nosotros es construir un futuro sostenible».

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En ese mismo sentido se expresó Jon Azua, ex vicepresidente del gobierno del País Vasco y presidente de e-novating lab, para el que las ciudades «ya no pueden considerarse meros contenedores» y deben convertirse en «verdaderos protagonistas para atraer y retener talento». Este contexto exige, en su opinión, de «un nuevo rol de las regiones o territorios» sobre una «nueva base» que integre cuatro variables: network clusters, cooperación local, globalización, y la suma de conocimiento, competencia y conectividad.

Y es que las grandes ciudades europeas pugnan entre sí por atrapar a los profesionales más innovadores y reforzar así su economía. Hace unos días Lidia Conde publicaba en Cinco Días un interesante artículo donde analizaba la creatividad como «nueva clave económica» a partir del análisis de entornos urbanos europeos como Londres, Hamburgo, Stuttgart, Múnich o Berlín. También Barcelona.

«Según los expertos, el ascenso de esta élite cultural y económica marcará el futuro del trabajo: con un 20% de profesionales independientes, un 40% de freelance vinculados establemente a las empresas y un 40% de empleados clásicos. ‘Es la cualificación clave del siglo XXI’, dice Matthias Horx, investigador alemán de macrotendencias».

«El futuro económico de las regiones lo pauta esta flamante clase social, opina el teórico del desarrollo urbano Richard Florida, autor de The Rise of the Creative Class. Su tesis: la creatividad se ha convertido en el gran factor de éxito económico. Los nuevos elegidos (artistas, diseñadores, expertos en medios de comunicación, ingenieros, abogados, empresarios y científicos mediáticos, y especialistas en telecomunicaciones, cuyo medio de producción es la creatividad en todas sus formas) generan riqueza. Por lo que la economía opta por establecerse en las ciudades del nuevo estatus dominante, que a su vez se instala en los grandes polos de las tres tes: tecnología, talento y tolerancia. Para el economista estadounidense, los países del capital creativo son Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Países Escandinavos y Gran Bretaña. Para Beyerle, las ciudades europeas más cool se emplazan hoy en Escandinavia, Gran Bretaña (Londres) y España (Barcelona). Sociedades abiertas, con centros universitarios y de investigación importantes que atraen a personas cualificadas y a la industria innovadora. ‘Sé tu mismo, persigue tu visión’ es su lema».

«Los expertos coinciden en que este nuevo modelo social es el prototipo que está marcando la pauta de las nuevas formas de trabajo. ‘Mientras en la vieja era industrial se nos pagaba por hacer lo que se nos decía, en la economía global del conocimiento se premia la responsabilidad, el aprendizaje y el espíritu crítico’, añade Horx. Lo que importa es la capacidad de crear e innovar. La clave futura es estar orgulloso del trabajo que se realiza, disfrutar aprendiendo y tener curiosidad por lo complejo».

El citado Richard Florida, profesor de la Universidad George Mason, denomina ciudad creativa a un complejo equilibrio entre tecnología, talento y tolerancia (una propuesta que sintetiza en las tres T). Según sus datos, las ciudades con mayor índice de creatividad registran a su vez una tasa de crecimiento económico más elevada, generan empleo de mayor calidad y ofrecen con salarios más altos y condiciones de vida más agradables. La Comisión Europea ha puesto cifras al fenómeno de la creatividad: el conjunto de la UE ocupa a seis millones de profesionales que mueven 654.000 millones de euros al año (2,6% del PIB).

Londres:

«Un buen ejemplo de biotop creativo es Londres, cuya economía creativa crece al 5% anual. En la capital británica, con ciudadanos procedentes de 200 países diferentes, el 66% de los inmuebles de precio superior a los 2,7 millones de euros pertenece a un extranjero».

Hamburgo:

«Se autodefine como metrópoli intelectual. Editores, diseñadores, periodistas, empresarios, músicos y abogados viven aquí. Es la capital mediática alemana, con 12.000 empresas de comunicación, a las que se suman otras 5.000 de telecomunicaciones. En ellas trabajan 130.000 personas (sin contar los profesionales freelance). Hamburgo es la sede de 9.259 agencias de publicidad, con 17.000 creativos. Esta nueva clase social es su gran lujo y los políticos de la ciudad traducen la teoría del capital creativo de Florida en inversiones en infraestructuras culturales y de ocio».

Barcelona:

El 22@ es, según dijo hace unos meses ‘Der Spiegel’, «una de las grandes transformaciones de Barcelona», que mutado más de 200 hectáreas de suelo industrial en el foco de atracción de importantes inversiones en actividades intensivas de conocimiento. Resultado: miles de empresas, más de 30.000 empleos, y dentro de poco, más de 30.000 universitarios en ocho sedes diferentes.

Según la tesis de Richard Florida, en este modelo urbano basado en el papel de la Universidad potencia el desarrollo creativo porque estos centros educativos avanzados crean el ambiente necesario (el llamado ‘people climate’) para que una ciudad se convierta en un atractivo polo económico de la sociedad del conocimiento.

La innovación está cambiando. En este sentido, G. Pascal Zachary analiza desde de la Universidad de Stanford las nuevas tendencias empresariales acerca de la innovación: «algunas grandes empresas fomentan las alianzas tecnológicas con rivales, así como el concepto de ‘innovación abierta’, para recurrir a un círculo más amplio de grandes cerebros que se dediquen a los problemas técnicos básicos». Tiene que ver (no sólo) con el crowdsourcing; también con la idea de que ningún equipo de innovación posee el monopolio de la sabiduría. Por ejemplo, Sun rompió su tradición de ‘hecho en casa’ el mes pasado, cuando pagó casi 638 millones de euros por MySQL, que fabrica el programa de base de datos de fuente abierta más popular.

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