cambio cultural 2

Cambio cultural, cambio de valores y sociedad del conocimiento II

Palabras de
Javier Velilla

Como he planteado en el post anterior, en los últimos 15 años las democracias occidentales han profundizado en un proceso continuado de digitalización que ha provocado la migración digital.

Debido a este mecanismo, se está produciendo un desplazamiento hacia un mundo más tecnificado y hacia una economía basada en las tecnologías del conocimiento donde el elemento crítico es la información. El mundo actual se divide especialmente entre los que están informados y aquellos que han quedado al margen de estas tecnologías, en lo que se conoce con el nombre de brecha digital.

Las nuevas tecnologías de la información y comunicación -en paralelo con la globalización de los mercados y la internacionalización de los flujos demográficos y culturales- han provocado un conjunto de nuevas realidades en el imaginario tecnológico, el lenguaje y el mercado cultural, las conductas de las audiencias/usuarios, y en la forma de conocer y comprender los significados que produce la sociedad.

Todas estas alteraciones tal vez están impulsando, en definitiva, el surgimiento de una nueva identidad resultado de nuevos valores. Los rasgos de esa sociedad industrial avanzada que define Ronald Inglehart en sus obras responden a tres indicadores clave: altos niveles de confianza interpersonal, apoyo reducido al cambio revolucionario pues se supone perjudicial para la democracia, y un amplio sentimiento de satisfacción.

El individuo no puede entenderse como un ser aislado ni autosuficiente, pues la realidad es que está fuertemente condicionado socialmente y se comporta de acuerdo con determinadas claves de raíz psicosocial. En esta misma línea, Talcott Parsons afirma que la estructura y el sistema de estratificación de una sociedad vienen determinados por el consenso o aceptación de un sistema común de valores, que, en definitiva, son los que diferencian a unas sociedades de otras.

Los primeros años del siglo XXI se caracterizan por la globalización como fenómeno de enorme impacto en numerosos niveles, que, junto a las nuevas tecnologías, han contribuido a la disolución de las fronteras culturales y dando paso a una cierta homogeneización cultural y de costumbres.

Castells reconoce esta relación entre las tecnologías de la información y el capitalismo global a partir de tres rasgos fundamentales:

  1. la productividad y la competitividad son función de la producción de conocimiento y el tratamiento de la información;
  2. las TIC proporcionan la infraestructura de la nueva economía;
  3. y la versatilidad y el dinamismo de esta revitalización capitalista parece propiciar, por primera vez en la historia, una expansión sin límites ni obstáculos.

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