rigor periodistico

Rigor periodístico en tiempos de elecciones: los bloques electorales

Palabras de
Javier Velilla

«En base a aquests criteris, coincidents amb les recomanacions d’equitat, professionalitat i interès informatiu expressades pel CAC, durant la campanya la informació electoral als informatius diaris no estarà sotmesa al que es coneix com a blocs electorals; és a dir, no estarà supeditada a cap repartiment de temps ni ordre d’aparició determinat per la representativitat de les forces polítiques en anteriors eleccions.

La durada total diària dels espais informatius sobre les eleccions al Parlament serà variable en funció de l’interès informatiu, així com el temps i l’ordre destinat a les diverses forces polítiques que s’hi presenten, que s’aplicarà de manera flexible i en funció de l’actualitat»

Lola como Mola (como siempre al pie de la noticia relacionada con los medios de comunicación) hace referencia al fin de los denostados bloques electorales en los informativos en función de la representación parlamentaria, por la que en los telenoticias siempre vemos la típica parrillada a la que le dedican dos minutos… Pero es un tema serio, como dice Lola como Mola, «el caso había llegado al punto de que los periodistas de TV3 y los de Catalunya Radio se negaban a firmar las piezas como protesta contra el sistema».

Bienvenido sea el cambio impulsado (por fin) por la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals en un comunicado. Al final la audiencia lo que espera es rigor periodístico. Sabemos que las crónicas mediáticas son una representación social de la realidad cotidiana producida institucionalmente, somos conscientes de que toda noticia implica una cierta elaboración.

Precisamente por ello la objetividad periodística debemos entenderla como un un ritual (GLASSER, 1984) o, como muy bien dice Entman, como una técnica de camuflaje (ENTMAN, 1989). Incluso, más allá, Rosen llegar a afirmar que lo que el periodista trata de conseguir con esa falsa objetividad es eludir sus responsabilidades (ROSEN, 1994), que es lo que precisamente había sucedido en TV3 en los últimos años.

Por fin un poco de rigor, aunque eso sea recalcar el carácter relativamente autónomo de los medios de comunicación respecto de la información con la que trabajan y publican; en ocasiones pueden resultar, incluso, más relevantes que aquélla. Pero es que la pretendida neutralidad mediática no es más que un concepto utópico: la prensa no es –no puede ser– un espejo, pues no refleja la realidad . Y es que el conjunto de valores y creencias políticas compartidas por una comunidad resulta fundamental para el análisis del funcionamiento y evolución de su sistema político. Hace un tiempo lo comenté a raíz de los procesos de gatekeeping (y la baja utilidad de las notas de prensa).

Veremos qué hará especialmente TV3, pero a modo de previsión el trabajo de SHOEMAKER y REESE (1991) señala algunas de estas ‘mediaciones’:

  1. las propias características personales de los periodistas –su educación, raza, sexo, cultura, condición económica–,
  2. las rutinas profesionales en las que están inmersos,
  3. la organización de sus redacciones y empresas informativas,
  4. la competencia con otros medios,
  5. la audiencia,
  6. los anunciantes,
  7. e, incluso, la legislación del país en el que está ubicado el medio.

AMPLIACIÓN. Un comentario escéptico de Miquel Saumell me hace mirar con lupa la letra pequeña (¿por qué la letra pequeña siempre es tan importante?). Habrá que reducir el optimismo, plegar velas y esperar…

Como bien decía Miquel, el tiempo destinado a cada partido continuará respondiendo a las matemáticas y no tanto al criterio frente a la información: se establece una horquilla entre un minuto y 2,5 en función de la representación parlamentaria. Es frustrante, como dicen los propios comités profesionales de Televisió de Catalunya (TVC) y Catalunya Ràdio.

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