La experiencia más memorable hasta ahora ha sido con una compañía aérea con la que volé a NYC. La experiencia fue realmente con la azafata de vuelo. Se implicó personalmente para recuperar el anillo que yo me acababa de dejar en el baño y que, cuando volví, había desaparecido. Cogió la megafonía del avión y se pasó una hora entera inventando historias sobre el anillo para generar empatía con los más de 500 pasajeros que viajaban en aquel avión.